|
La intuición y los directivos
Constituye un valioso recurso para
los seres humanos y, quizá de manera especial,
para los empresarios y directivos. Muchos, como Bill
Gates, lo admiten abiertamente: "A menudo te tienes
que guiar por la intuición". Se viene ciertamente
reconociendo que a la intuición corresponde un
papel de creciente importancia en la toma de decisiones
por los altos directivos, de modo que este proceso subconsciente
-en buena medida desconocido y del que pueden brotar
trascendentes revelaciones- ocupa un lugar incuestionable
en el management. Las escuelas de negocios no parecían
ocuparse mucho de la intuición, pero podía
ser tanto por la dificultad de desarrollarla como por
el riesgo de generar un tipo de líderes visionarios
que, dejándose llevar por una pretendida intuición,
desatendieran el cultivo de la capacidad de análisis
y de la prudencia. Como seguramente no es intuición
todo lo que reluce, los expertos nos invitan a reconocer
la intuición cuando se presenta, y nos piden
que no cerremos las puertas a la razón y al conocimiento
explícito.
Mediante algunas definiciones de diccionario, podemos
hacer una primera aproximación al concepto que
nos ocupa: "Facultad de conocer, o conocimiento
obtenido, sin recurrir a la deducción o razonamiento",
"Percepción clara, íntima, instantánea
de una idea o verdad, como si se tuviera a la vista
y sin que medie razonamiento"... Sí, digamos
ya que nos podemos referir a la intuición como
cualidad de los intuitivos, como acción de intuir
y también como mensaje intuido. Pero algunos
expertos nos permiten profundizar en el fenómeno:
Carl Jung insiste en que la intuición no es contraria
a la razón, sino que reside fuera de la misma;
Weston Agor se refiere a la intuición como "capacidad
de integrar y utilizar la información almacenada
en ambos lados del cerebro", y nos dice también
que "las señales intuitivas se transmiten
en forma de sentimientos"; Burke y Miller sostienen
que "la intuición resulta de un proceso
mental subconsciente, que se sustenta en la historia
anterior del individuo"; Jagdish Parikh habla de
"acceso a la reserva interna de pericia y experiencia
acumulada durante años, y obtención de
una respuesta, o de un impulso para hacer algo, o de
una alternativa elegida entre varias, todo ello sin
ser consciente de cómo se obtiene"; Vaughan
parece ir más lejos: "La intuición
nos permite recurrir a la enorme provisión de
conocimientos de los que no somos conscientes, incluyendo
no sólo todo lo que uno ha experimentado o aprendido
intencionada o subliminalmente, sino también
la reserva infinita del conocimiento universal, en la
que se superan los límites del individuo".
Obsérvese que, aunque no todos los expertos lo
vean inicialmente así, Frances Vaughan contemplaba
la intuición como fenómeno colectivo:
quizá vale la pena reflexionar sobre ello.
Pero son muchos los expertos que se han ocupado del
tema: Herbert Simon sostiene que la esencia de la intuición
yace en una organización del conocimiento tácito
que permita su rápida identificación y
transformación en conocimiento explícito;
para Sorokin existen tres formas de verdad: la sensorial,
la racional y la intuitiva; Robert K. Cooper apunta
que la honradez emocional favorece sensiblemente la
intuición y que ésta, entre otros efectos,
nutre la empatía; también Janice Redford
y Robert McPherson relacionan decididamente la intuición
y la empatía, y recuerdan que las personas intuitivas
pueden observar un conflicto desde la perspectiva de
cada parte; Peter Senge dice que "los individuos
dotados de elevado dominio personal (una de sus conocidas
"disciplinas") no se plantean elegir entre
la razón y la intuición, como tampoco
se les ocurriría caminar con una sola pierna
o mirar con un solo ojo"; y, por si quedara duda,
Einstein decía que "la intuición
es lo único que realmente vale". Ya se entenderá
que todos estos expertos (y otros no citados) dijeron
más cosas y aun más interesantes sobre
la intuición y a ellos remitiríamos al
lector que deseara avanzar en el tema. Bueno, un par
de alusiones más: dice Goleman que "la sensibilidad
intuitiva instantánea podría ser el vestigio
de un primitivo y esencial sistema de alarma, cuya función
consistía en advertirnos del peligro...";
y el ya citado Jagdish Parikh (quizá uno de los
expertos que más ha estudiado la intuición
entre los directivos) sostiene, entre otras muchas cosas,
que la intuición es multidimensional (una habilidad,
un don, una forma de ser...), multicontextual (una señal
instantánea, una sensación durante un
cierto periodo, un proceso continuo...) y multinivel
(consciente, subconsciente, inconsciente...). Entre
los directivos que más uso hacen de la intuición,
señala Parikh a los japoneses, los norteamericanos
y los británicos.
Hasta aquí, entonces, algunas breves referencias,
quizá suficientes, para aceptar que, bien entendida,
la intuición es más importante de lo que
parece, y para situarla entre el sistema nervioso primitivo
y el evolucionado, entre los pensamientos y los sentimientos,
entre la habilidad y el don, entre lo individual y lo
colectivo, entre lo consciente y lo inconsciente, entre
nuestro viejo pasado y el futuro remoto, entre la veleidad
y la ciencia; y también para reproducir ya, ubicados
en el escenario profesional, algunos apuntes que, a
modo de síntesis, extraemos de nuestra fase de
documentación:
La intuición es un singular atributo
del ser humano difícil de explicar; parece integrar
distintos niveles de lo cognitivo, con lo emocional
y aun con lo moral.
La intuición, según dicen los
expertos, nos permite acceder a una gran reserva de
conocimientos de los que no somos conscientes, o lo
somos sólo parcialmente.
La intuición viene a ser el modo de
pensar "por defecto", es decir, el que funciona
cuando no aplicamos el pensamiento racional.
La intuición es, por el momento, imposible
de definir de modo gestaltista u holista; más
que definiciones, encontramos afirmaciones sobre ella.
La intuición se manifiesta típicamente
mediante palabras, imágenes, sentimientos o sensaciones
viscerales, que no siempre sabemos interpretar.
La intuición, que se puede desarrollar,
parece ser proporcional a la honradez emocional y a
la motivación por saber, por descubrir y por
resolver.
La intuición, en su manifestación
quizá más cotidiana, nos permite leer
entre líneas y conocer los sentimientos de los
demás, al margen de sus palabras.
La intuición es una facultad genuina,
y no debemos confundirla con temores suscitados por
el miedo, con deseos o con peligrosas presunciones de
infalibilidad.
La intuición posee fronteras indeterminadas;
hay quien piensa, por ejemplo, que el apetito, además
de una forma de estrés, es una intuición.
La intuición, es decir, la revelación
intuitiva, puede producirse en cualquier momento; debemos
estar atentos y preparados para reconocerla.
La intuición es motivante; las señales
intuitivas nos mueven a la acción, pero -recordémoslo-
hemos de poner la razón en medio.
La intuición está detrás
de muchos logros en materia de creatividad e innovación,
y ha resultado clave en numerosos éxitos empresariales.
La intuición parece exigir, por decirlo
así, que estemos en resonancia con la situación
a resolver, o sea, que la hayamos comprendido bien.
La intuición puede estar muy desarrollada;
en esos casos no accedemos a ella sólo por azar,
sino que podemos favorecer el acceso.
· La intuición permite percibir (presentir)
cosas venideras (aunque no todas las personas supuestamente
visionarias son realmente intuitivas).
Quizá a algún lector resulte esto último
más difícil de aceptar, pero nosotros
optamos por asumir que el subconsciente no conoce límites
de tiempo ni espacio, y que aporta materia para una
ciencia precognitiva, por no hablar llanamente de clarividencia.
En realidad, a menudo hablamos de "presentimientos",
y en el mundo del management la intuición se
entiende en ocasiones reducida a visión de futuro,
como si fueran sinónimos. La visión de
futuro o de negocio y, más en general, la intuición
son cualidades importantísimas para los directivos,
pero -ya se ha sugerido- hemos de guardarnos de los
falsos intuitivos o falsos visionarios, como nos recomienda,
entre otros, J. Fernández Aguado en uno de sus
libros.
Un caso de intuición en los
negocios
Nos parece, como ejemplo, que la intuición
tuvo un decisivo papel en la aparición, hace
casi 25 años, del Walkman de Sony. Quizá
recuerde el lector que, tras comercializar la compañía
una grabadora monoaural de pequeño tamaño
para periodistas (el "Pressman"), los ingenieros
intentaron hacerla estereofónica; al incorporar
los nuevos circuitos ya no quedaba espacio para la función
de grabación, de modo que el resultado era un
reproductor portátil de cintas de audio, que
precisaba auriculares externos. Al parecer, los ingenieros
consideraron el proyecto un fracaso, y utilizaban el
prototipo en el laboratorio para escuchar música.
Masaru Ibuka, ya como presidente honorario, lo escuchó
accidentalmente y pensó que podía venderse;
su íntima convicción le llevó a
comentarlo con Akio Morita, que entonces dirigía
la compañía, y éste, igualmente
confiado, decidió fabricarlo a pesar de los informes
desfavorables de sus colaboradores. El tiempo dio la
razón a estos legendarios empresarios japoneses,
seguramente más allá de sus expectativas.
No hace falta insistir en el éxito del Walkman,
ni queremos dar a entender que la intuición sea
la única vía hacia la innovación;
de hecho, algunas innovaciones de éxito se deben,
por ejemplo, a la mera serendipidad (bautizada así
-serendipity- en 1754, por Horace Walpole). Son serendipitosos
los rayos X, el horno de microondas, el Velcro... La
serendipidad viene a ser la facultad (que algunas personas
parecen poseer en mayor medida que otras) de hacer descubrimientos
importantes por casualidad; algo debe tener que ver
con la curiosidad y la creatividad. Pero cerramos esta
breve digresión y volvemos al tema que nos ocupa,
para recordar que algunos casos muy conocidos de intuición
están relacionados con sueños; por ejemplo,
el caso de la máquina de coser de Elias Howe,
o el de la arquitectura de la molécula del benceno,
resuelta por Friedrich August Kekulé von Stradonitz,
que, curiosamente, estudió Arquitectura y Química,
si no estamos mal informados. Sendos sueños proporcionaron
a estos hombres la respuesta que andaban buscando, de
modo que insistimos en el desaprovechado poder del subconsciente,
a cuyo nivel nos movemos con gran libertad, lejos de
la autocensura de la conciencia.
Intuición en la era del conocimiento
En definitiva, la intuición se nos muestra
como fuente de conocimiento -o, dicho de otro modo,
como fuente de valiosas respuestas-, de cuya procedencia
no somos conscientes y cuyo significado se nos podría
escapar (como dice Robert K. Cooper, la intuición
no suele formular frases completas). Acabamos de acudir
a un ejemplo del siglo XX (el Walkman) y dos del XIX
(la máquina de coser y la molécula del
benceno), pero ya en los albores del XXI se dice que
estamos en la era de la información y el conocimiento,
y no debemos olvidar una fuente, un recurso, tan importante
como la intuición. A decir verdad, más
que en la era del conocimiento, algunos empresarios
y directivos parecen estar ya en la era de la intuición:
"lo único que realmente vale", como
nos decía el insigne físico de Ulm.
Alguien podrá pensar que los grandes empresarios
se dedican ya más a la compra y venta de empresas
y la ingeniería financiera, que a la buena marcha
de cada organización; aunque así fuera,
también resultaría necesaria -y aun más
necesaria- la intuición en la toma de decisiones
estratégicas. Pero efectivamente, la buena marcha
de cada organización pasa por el mejor aprovechamiento
del conocimiento individual y colectivo disponible,
y aquí hay que distinguir bien los tres tipos
de conocimientos:
el conocimiento explícito (fácil,
en general, de adquirir y compartir);
el conocimiento tácito o implícito
(más costoso de adquirir y difícil de
compartir), y
el conocimiento "desconocido", del
que no somos conscientes (y al que se llega mediante
la intuición).
Creemos que los tres tipos de conocimientos son altamente
valiosos, y sabemos que los expertos más avanzados
en el área de gestión del conocimiento
(knowledge management) son sensibles al papel de la
intuición.
Reconozca las señales intuitivas
La neurociencia admite que, para que brote la respuesta
intuitiva a un problema, antes hemos de haber identificado
e interiorizado suficientemente la situación
como consecuencia de la inquietud que nos transmite;
después, y ya de manera que no nos resulta consciente,
hemos de haber incubado la solución. Luego, en
cualquier momento, emerge la señal intuitiva
"lo mismo -como dice Csikszentmihalyi- que un corcho
mantenido bajo el agua sale y salta en el aire cuando
se le suelta"; nosotros también la vemos
como una burbuja que, al llegar a la superficie, se
muestra efímera: hay que estar atentos para captarla.
En cualquier caso, una vez que, repentinamente, ha brotado
la intuición y se ha reconocido y registrado
como tal en la conciencia, es el turno de la razón
analítica: el necesario complemento.
Reconozcamos, por consiguiente, esa especie de sexto
sentido que es la intuición, y no la confundamos
con una mera opinión, con un deseo, con una apuesta
de futuro o con una reflexión. Estemos atentos
a estas señales intuitivas repentinas (palabras,
frases, imágenes, sensaciones, emociones) y procuremos
registrarlas en la conciencia antes de que sucumban
a su censura; registrémoslas, incluso y si podemos,
en un papel. Si no lo hacemos, la señal se puede
diluir por difusa, o por mor de las rigideces racionales.
A veces, uno se despierta por la noche y, de repente,
se le ocurren algunas ideas relacionadas con los problemas
que tenía en la cabeza al acostarse; si no pensáramos
firmemente en estas revelaciones surgidas, sólo
unos instantes y sin ánimo de valorarlas, podríamos
haberlas olvidado al levantarnos.
Deseamos añadir un comentario. Hemos citado al
profesor Cooper y queremos decir que él, en su
conocida obra Executive EQ, habla de "flujo intuitivo"
relacionándolo con el estado de flujo estudiado
por el igualmente citado profesor Csikszentmihalyi (cuyos
libros Flow y Creativity nos han parecido también
altamente interesantes). La verdad es que nosotros no
habíamos relacionado el estado de flujo (especie
de íntima euforia derivada del alto rendimiento)
con la intuición (tampoco parece hacerlo Csikszentmihalyi),
pero admitimos cierto solape e invitamos al lector a
consultar estos tres libros, si no lo hubiera hecho
ya.
Desarrolle su intuición
Hemos tratado de definir la intuición en busca
de la aquiescencia del lector; pero reconocemos que
nosotros mismos hemos tardado más de 40 años
en entender y valorar este bonísimo recurso del
ser humano. Ahora, en los siguiente párrafos,
documentados en las enseñanzas de Cooper, Goleman
y otros expertos en inteligencia emocional y management,
veremos algunas prácticas que se recomiendan
para el desarrollo de esta facultad. De entrada, recordar
algo que también nos transmite el profesor Cooper:
la intuición se cultiva con honradez emocional
como nutriente. (Hemos entendido bien lo de honradez
emocional: no se trata de perseguir a los corruptos,
sino, básicamente, de ser coherentes con nosotros
mismos y preferir la verdad a la tranquilidad). Aquí
van ya las recomendaciones que sometemos a su consideración,
para el desarrollo de la intuición:
Conózcase a sí mismo. Se trata
del famoso mandato délfico: Gnothi seauton. Si
lo prefiere, Nosce te ipsum o Know yourself. Esto es
bueno para todo y encaja con la necesaria dosis de honradez
emocional. Para alcanzar el autoconocimiento, ábrase
al feedback de buenas fuentes, practique la reflexión
y preste atención a su voz interior: no deje
atrofiar este recurso. No nos referimos a la voz de
su ego; se trata, si le vale decirlo así, de
la voz de su alma, de la voz de su conciencia (ahora
hablamos de conciencia moral), de su fuero interno.
Hay personas que apenas escuchan la voz de los demás,
pero igualmente grave resulta el no escucharse a sí
mismo. Trate de destapar esos puntos ciegos pendientes
y tome conciencia de sus fortalezas y debilidades. Intente
ser, de verdad, lo que le gustaría ser e intenta
parecer (esto ya lo decía Sócrates). Distinga
bien sus pensamientos de sus sentimientos e identifique
claramente sus emociones; no renuncie a ellas pero reconózcalas
(meta-mood): es el primer paso para encauzarlas debidamente
y aprovecharlas. Además, ya sabe que a veces
la intuición se expresa mediante emociones.
Mejore su CE (cociente emocional): diríamos
que se trata de un imperativo moral. Si desarrolla bien
su esfuerzo de autoconocimiento, es posible que encuentre
áreas de mejora: autocontrol, empatía,
liderazgo, purpose, resistencia a la adversidad, flexibilidad...
Cuanto mejor funcione su cerebro emocional, más
ayuda recibirá de la intuición. En su
proceso de mejora, siga buscando buen feedback: no se
contente con que le digan sólo lo que le guste
escuchar. El feedback es (lo dice Rick Tate) el desayuno
de los campeones. Aprenda a expresar y administrar sus
sentimientos como expresa y administra sus pensamientos.
La inteligencia emocional nos hace seres humanos más
completos (lo dice Maurice J. Elias) y aun más
felices (lo dice Goleman). No lo dude, la intuición
funciona mejor en personas con elevado CE; de hecho,
la intuición viene a ser una dimensión
exaltada de la inteligencia emocional (lo dice Cooper).
Formule preguntas claras a su intuición.
La intuición está esperando que Ud. la
llame y que le plantee preguntas bien definidas. Cuanto
más la utilice, mejor funcionará. Quien
esto escribe tiene por norma dejar trabajo al subconsciente
cada noche y esperar resultados por la mañana.
Entonces, uno puede encontrar respuestas, como regalos
traídos por el ratoncito Pérez: ideas
valiosas para problemas que demandan soluciones creativas,
espacios de visión que amplían su horizonte,
impulsos o determinaciones de hacer algo (o, definitivamente,
de no hacerlo)... Debe profundizar en lo yacente y subyacente
de cada situación que le inquiete, y luego formularse
preguntas que pueda responder la intuición con
su diverso y peculiar lenguaje.
Evalúe las señales intuitivas,
es decir, las soluciones que se le ofrecen. Tanto si
se trata de ideas creativas, impulsos para la acción,
soluciones a dilemas o luces para penumbras, no las
rechace ni las admita instantáneamente: recuerde
lo del turno de la razón analítica. Ya
sabemos bien que la razón no es contraria, sino
complementaria, a la intuición. Es necesario
asegurar cuanto se pueda el acierto ante cada decisión;
mediante el acierto, ganaremos confianza en los procesos
intuitivos, acudiremos a ellos con más frecuencia
y descifraremos mejor sus señales. No bajemos
la guardia en la evaluación, aunque creamos que
nuestras intuiciones son siempre buenas; no nos creamos
nunca especialmente agraciados con el don de la intuición;
no nos olvidemos de la prudencia, la humildad y el aprendizaje.
También hemos leído (Cooper): "No
se puede ser intuitivo si se empeña uno en llevar
razón".
Conclusión
Nos quedamos pensando que quienes ya conocían
la importancia de la intuición no necesitaban
estos párrafos; y que quienes no habían
reparado suficientemente en ella no habrán sintonizado
plenamente con nuestras palabras. Pero, si así
fuera, confiamos en que los primeros nos habrán
dirigido su aquiescencia, y los segundos empezarán
a interesarse. Nosotros vemos la intuición como
un recurso personal que, aunque pueda parecer algo esotérico,
está al alcance de todos y resulta fundamental
para quienes deban tomar frecuentes decisiones. Inexcusable
entre los directivos. No estamos muy seguros -pero hay
expertos que sí lo creen- de que funcione mejor
entre las mujeres que entre los hombres, aunque, como
algunas otras cosas, pueda manifestarse de manera peculiar
en cada sexo y, por supuesto, en cada persona. Desde
luego, recomendamos explotar el potencial del subconsciente,
que no es nada despreciable, y brindamos por un emparejamiento
fructífero entre la razón y la intuición.
Pero si alguien prefiere los tríos, hablemos
de razón, corazón e intuición (este
nos parece un trío ganador, pero para el póquer
uno sumaría el purpose, y para el repóquer
el courage).
José Enebral Fernández
Consultor de Management y RRHH
enebral@inves.es
|