Lecciones de innovación
José Enebral Fernández
El concepto es sin duda amplio y multicontextual, y
al hablar de innovación pensamos en diferentes
cosas. En la actividad empresarial, unos apuntamos al
avance de la tecnología, otros dirigimos la atención
sobre las ayudas que la Administración ofrece
a las iniciativas de investigación (I+D+I), hay
asimismo quienes imaginamos a los profesionales generando
nuevas ideas para impactar en el mercado con ventaja
competitiva..., y también hay desde luego quienes
visualizamos las propias novedades vividas en nuestro
tiempo. Los ya maduros y al margen de la andadura profesional,
hemos asistido a la llegada de los electrodomésticos,
la compra con carrito, el pago con tarjeta, la energía
nuclear, solar y eólica, los ordenadores personales,
los teléfonos móviles...
Este articulista recuerda su infancia sin televisión
ni calefacción, su veraniega tarea diaria de
ir a comprar la barra de hielo que debía introducirse
en la nevera, las camas con sommier y colchón
de lana, los camiones que arrancaban a golpe de manivela,
el impacto de la penicilina y las vacunas, la llegada
del gas butano, la de los grandes ordenadores... En
verdad se funden los conceptos de novedad valiosa y
progreso, y al respecto las cosas parecen ir más
rápido cada día, consecuencia de la globalización,
de la "sociedad de la información",
del creciente flujo y valor del conocimiento, y de la
facilidad para comunicarse.
En la empresa, la innovación ha de apuntar,
sí, a los procesos operativos, pero también
y desde luego a los productos y servicios ofrecidos
tras el inexcusable objetivo de incorporar al mercado
novedades valiosas y atractivas. Estas novedades surgen
a veces fruto de orquestados esfuerzos de investigación
y desarrollo (I+D), pero también pueden tener
su origen en el pensamiento penetrante, crítico,
conectivo y creativo de algún individuo perspicaz;
en el salto cuántico que puede suponer una idea
certera, impulsada o no por alguna subvención
o motivación extrínseca.
En 1997, leíamos en la revista Fortune: "La
innovación es la característica singular
que engrandece a las mejores compañías.
Las compañías que saben cómo innovar
no necesariamente invierten grandes sumas en investigación
y desarrollo; en vez de ello, cultivan un nuevo estilo
corporativo de conducta que admite nuevas ideas, cambios,
riesgos e incluso errores". Diez años después,
el mensaje parece seguir vigente: los resultados pueden
mostrarse espectaculares cuando nos dedicamos a pensar
con penetración y esmero, y desplegamos conexiones
y abstracciones valiosas.
Incluso cuando hablamos de innovaciones aparecidas
como fruto de la casualidad -el velcro, el teflón,
los rayos X, la penicilina, la aspirina, el Walkman,
el caucho vulcanizado, el fonendoscopio, el horno de
microondas y algunos edulcorantes, entre otros muchos
ejemplos-, resulta evidente que se necesitó una
mente sagaz e intuitiva que advirtiera las implicaciones,
las posibilidades, las aplicaciones.
Hay, sí, historias especialmente significativas;
experiencias interesantes que apuntan al elemento clave
de la economía del conocimiento: la innovación.
A menudo los medios económicos destacan nuestro
suspenso en esta asignatura, pero, contando con la voluntad
de hacerlo, ¿podemos aprender a innovar? Pensará
el lector que primero tendríamos que aprender
a aprender; que, antes de añadir novedad, habríamos
de conocer bien lo ya existente... Pero sí: en
busca del aprobado en esta asignatura, también
podemos aprender a innovar, e incluso hacerlo de forma
grata y efectiva, por ejemplo mediante el estudio de
casos reales y aleccionadores.
¿Han analizado los perfiles de las personas
más creativas? ¿Qué les parece,
por ejemplo, la capacidad de abstracción que
desplegó Genrich Altshuller en el conocido método
TRIZ de solución creativa de problemas? ¿Recuerdan
cómo descubrió Loewi el primer neurotransmisor,
la acetilcolina, o cómo surgieron, por ejemplo,
las vacunas? ¿Son ustedes conscientes del papel
de la intuición, a veces también en forma
de sueños reveladores, en numerosos avances técnicos
y científicos? ¿Quién y cómo
estableció la trayectoria elíptica de
los planetas en torno al Sol? ¿Qué fuerza
lleva a los científicos a elegir la hipótesis
acertada?
En la gestión empresarial y como referencia,
se utilizan casos de acierto (como el del Walkman de
Sony) y desacierto (como el de la New Coke, de Coca
Cola) de los que podemos aprender todos. En efecto,
en la emergente economía del saber y el innovar,
deberíamos tal vez dirigir más específicamente
la búsqueda de referencias, ejemplos y casos
aleccionadores hacia lo relacionado -"Lecciones
de innovación", hemos titulado estas páginas-
con el avance del conocimiento en cada campo técnico
y científico, es decir, hacia lo más unido
a la inexcusable innovación en procesos, productos
y servicios, en beneficio de la competitividad.
La narración de historias
Tendríamos que seleccionar con cuidado las referencias
a analizar, y obtener de ellas todo el provecho posible.
Nos gustaba, de niños, que nos contaran cuentos,
y la escucha nos resultaba una actividad autotélica:
no nos sentíamos obligados a aprender de modo
consciente, pero nos divertíamos. Yo recuerdo
todavía las historias que, en verano, nos contaba
(hace casi 50 años) el religioso salesiano Antonio
Sánchez Romo en el colegio de María Auxiliadora
de Madrid. Ahora, adultos ya y profesionales obligados
a aprender continuamente, podemos concentrar nuestra
atención en un relato idóneo, pero necesitamos
extraer conclusiones valiosas que nutran nuestro desarrollo
y nos iluminen en el desempeño profesional.
Sin descartar el "entretenimiento oral para públicos
selectos", que así identifica su negocio
una de las agencias de oradores y conferenciantes, yo
hablaría asimismo de la necesidad de "adiestramiento
oral para todos los públicos (interesados)",
y desde luego para "aprendedores permanentes",
que es lo que somos todos nosotros en la economía
actual. La enseñanza acroamática es potente
como método, pero el aprendizaje se extrae del
contenido y, para éste, el método no parece
mucho más que un soporte enriquecedor.
Por supuesto, al desplegar una experiencia aleccionadora,
el storyteller puede, consciente o inconscientemente,
reformular o sintetizar los hechos de modo que encajen
mejor en el propósito perseguido; pero, si éste
es recto y no espurio, la enseñanza se robustece.
Más si, en un escenario idóneo (un seminario
o workshop), el docente utiliza técnicas mayéuticas
facilitadoras del aprendizaje.
Desde el plano discente, el del aprendedor permanente
-lifelong learner-, creo que, al analizar historias
curiosas y valiosas, todos hemos de hacerlo penetrando
en los detalles más significativos y aleccionadores.
Entre otros propósitos, por un lado podemos identificar
las facultades y fortalezas que caracterizan al innovador
en cada escenario profesional, y enfocar quizá
mejor nuestros esfuerzos de desarrollo; y por otro lado,
podemos tomar conciencia de cómo se relacionan
o conectan los campos del saber, de cómo la experimentación
acaba generando resultados, de cómo a menudo
se han de vencer resistencias y se precisan idóneos
apoyos, etcétera.
Algunas historias
Les traigo algunas historias. No se trata de una muestra
neutra sino dotada de propósito, pero con buenas
intenciones: la de recuperar un significado intrínseco
para el concepto de innovación, la de destacar
los rasgos más característicos del innovador,
y la de señalar otros considerandos oportunos.
Les traigo, sí, algunas historias muy sintetizadas,
a las que he adherido conclusiones propias que someto
a su aquiescencia o reformulación: hagan sus
propias lecturas. En los primeros casos, observaremos
empresarios innovadores, y ciertamente ha de reconocerse
la grandeza de los individuos emprendedores; pero después
veremos también que la iniciativa o hallazgo
puede surgir de un profesional experto en el desempeño
de sus tareas, e incluso en tiempo de ocio. Y también
recordaremos algún desacierto o fracaso en la
iniciativa innovadora, incluyendo un caso español.
Las hamburgueserías McDonald´s
Todo empezó en 1954, cuando Raymond Kroc vendió
8 batidoras a un singular restaurante de gran éxito
por su eficacia y rapidez: el de los hermanos Dick y
Mac McDonald en San Bernardino (California). "Si
hubiera muchos restaurantes como este -pensó
él-, vendería muchísimas batidoras".
Y pronto dejó de pensar en las batidoras para
hacerlo sobre la idea de las franquicias: llegó
a un acuerdo con los hermanos, y en 1955 abrió
un restaurante similar en Des Plaines, Illinois, su
estado natal. El negocio funcionaba y en 1960 había
más de cien restaurantes McDonald´s, sin
embargo los desacuerdos de Ray con Dick y Mac -éstos
parecían frenar la expansión de la cadena-
acabaron siendo constantes.
Así se llegó en 1961 al traspaso del
negocio, por el que Ray Kroc pagó -se endeudó
para poder hacerlo- casi 3 millones de dólares.
Sin duda Dick y Mac habían sido innovadores,
pero pareció faltarles la saludable ambición
empresarial de que sí disponía Ray. Fue
una arriesgada decisión para este legendario
empresario, que confesó haberla tomado tras consultar
a su voz interior y desestimar el criterio contrario
de sus abogados y asesores; pero él estaba desde
luego irrefrenablemente convencido, y dispuesto a llevar
adelante su visión. La hamburguesa McDonald´s
"mil millones" (el billion americano) llegó
muy pronto: en 1963.
Enseñanzas:
- Una cosa es innovar, y otra emprender grandes proyectos.
- A veces y sin buscarla, un emprendedor encuentra la
novedad y es el primero en apostar íntima y fuertemente
por ella.
- Hay decisiones muy difíciles, que demandan
ayuda de la intuición genuina.
- El mercado parece siempre dispuesto a celebrar la
novedad valiosa.
Hay en verdad sólidas expectativas escondidas
en los clientes o consumidores, y no siempre alcanzamos
a ver su dimensión, ni estamos dispuestos a correr
demasiados riesgos. En el siguiente ejemplo insistiré
en esto, pero de este caso añadiría que
la sólida convicción de Ray Kroc nos recuerda
la igualmente tenaz e intuitiva de los científicos
empeñados en seguir una determinada dirección
en sus investigaciones.
El Walkman de Sony
El Walkman nació hace casi 30 años, como
fruto del afán creador y la intuición
de Masaru Ibuka, con el apoyo de Akio Morita, fundadores
ambos de Sony. Tras comercializar la compañía
una grabadora monoaural de pequeño tamaño
para periodistas (el "Pressman"), intentaron
hacerla estereofónica; al incorporar los nuevos
circuitos ya no quedaba espacio en el aparato para la
función de grabación, de modo que el resultado
era un reproductor portátil de cintas de audio,
que precisaba de auriculares externos. Los ingenieros
consideraron el proyecto un fracaso, aunque utilizaban
el prototipo en el laboratorio para escuchar música.
Ibuka, ya como presidente honorario pero atento a la
marcha de las cosas, lo escuchó casualmente e
imaginó enseguida a jóvenes caminando
o en bicicleta, escuchando música con el nuevo
reproductor y sin molestar a nadie; así lo expuso
a Morita, que entonces dirigía la compañía,
y éste decidió fabricarlo a pesar de los
informes desfavorables y el escepticismo de sus colaboradores.
En julio de 1979 se pusieron en el mercado 30.000 unidades,
que se vendieron en apenas dos meses. Diez años
después, se habían vendido 50 millones
de unidades; en 1992 se alcanzó la cifra de 100
millones; en 1995, la de 150 millones... Ibuka estaba
muy seguro de que se vendería: lo que seguramente
no pudo imaginar fue la dimensión del éxito.
Enseñanzas:
La intuición sigue a la intención y la
atención, y no ayuda a todos los individuos por
igual.
- Ciertamente, la casualidad parece estar detrás
de no pocas innovaciones.
- El innovador ha de contar con poder o apoyo para materializar
su convicción.
- El mercado es en verdad receptivo a la novedad útil;
es agradecido y aun entusiasta.
El lector puede extraer alguna otra conclusión,
más fácilmente si se interesa por la historia
completa; pero el hecho es que el legendario Ibuka es
recordado, entre otras poderosas razones, por su peculiar
intuición para los negocios. No perseguía
ganar dinero como fin, sino como consecuencia; como
efecto de haber puesto en el mercado productos atractivos
para sus clientes.
El pegamento SuperGlue
Harry Coover trabajaba para Eastman Kodak durante la
Segunda Guerra Mundial, e intentaba crear miras sintéticas
de gran transparencia para rifles; llegó así
al cianoacrilato, que desestimó por pegajoso.
Años después, en 1951 y trabajando con
su colega Fred Joyner, dio de nuevo con esta sustancia
mientras buscaba una alternativa a los cristales de
las cabinas de los aviones. Entonces, al disponer una
película de cianoacrilato entre dos prismas de
un refractómetro, observaron con cierta compunción
que quedaban pegados, y que habían inutilizado
un caro aparato del laboratorio...
Pero no tardaron en darse cuenta también de
que habían topado con un adhesivo de gran eficacia:
así nacieron los pegamentos de cianoacrilato,
como el SuperGlue. Parece que esta sustancia llegó
a usarse en Vietnam, con gran eficacia, para cerrar
heridas de los combatientes (aunque producía
irritaciones en la piel). No había entonces una
explicación técnica del fenómeno
adhesivo, pero la eficacia de este polímero era
bien visible.
Enseñanzas:
- Algo nuevo, aunque no sirva a los fines perseguidos,
podría resultar de utilidad a otros propósitos.
- Si nos reencontramos con un fenómeno, tal vez
sea porque tiene algo que decirnos.
- Puede que valga la pena experimentar, incluso aunque
no se persiga un fin específico.
- Los campos del saber de los diferentes sectores de
actividad se tocan o solapan.
Todas estas conclusiones nos llegan mejor si las visualizamos
en un caso concreto, y este del cianoacrilato resulta
revelador. Hemos de ampliar nuestros horizontes y advertir
conexiones -en este caso la de la óptica, la
industria de pegamentos y la práctica sanitaria-
a veces escondidas. En el siguiente ejemplo veremos
que los fenómenos son tenaces, y alguien, con
suficiente sagacidad, acaba detectando alguna conexión
valiosa.
El horno de microondas
En 1946, un técnico autodidacto de la compañía
Raytheon, Percy Spencer, participaba en unas pruebas
con un generador de ondas de alta frecuencia (magnetrón),
cuando observó que se le derretía una
chocolatina que llevaba en el bolsillo de su bata; para
confirmar que se trataba de un efecto de las ondas,
colocó unos granos de maíz en el área
radiada y efectivamente surgieron las palomitas. Se
cuenta que experimentó igualmente con un huevo,
que estalló fruto de calor generado en su interior.
Al parecer, otros ingenieros habían detectado
la generación de calor sin pensar en posibles
aplicaciones, pero Spencer tuvo la curiosidad, la perspectiva,
la intuición suficiente para relacionar el hecho
con el guiso de alimentos.
Aunque inicialmente los hornos eran de gran tamaño
y elevado coste, en los años 70 ya se vendían
unidades para uso doméstico. No es que tuvieran
mucho éxito al principio, pero el concepto de
cocinado rápido había nacido, y resultaría
irreversible a pesar de las sospechas sobre efectos
nocivos (cancerígenos) de las radiaciones. Ciertamente
puede hablarse de casualidad pensando en la chocolatina
de Spencer, pero a la vez de la sólida y repentina
convicción de éste: aquello podía
y debía aplicarse en la cocina.
Enseñanzas:
- El autodidactismo parece hacer milagros: seguramente
porque implica tesón, voluntad de aprender.
- Puede que el avance tecnológico esconda muchas
otras sorpresas y que se nos estén escapando.
- Cabe insistir en la conexión entre los campos
(en este caso, las microondas y el guiso de alimentos).
- Hay en verdad individuos sagaces que visualizan enseguida
las aplicaciones de sus descubrimientos.
Hemos de valorar estas enseñanzas en todo su
significado y temo, por ejemplo, que ser autodidacto
parezca una excepción; también que las
empresas no estén catalizando la serendipidad
(sagacidad ante significativos hechos casuales) de sus
trabajadores, a veces reducidos a empleados sumisos
y sofocada su iniciativa.
El velcro
Parece que, en los primeros años 40, el ingeniero
eléctrico suizo George de Mestral (1907-1990)
solía pasear con su perro por los montes próximos
a Lausanne, y volvía con las flores del cardo
alpino fuertemente adheridas a sus pantalones y al pelo
de su perro: una experiencia a la que probablemente
no somos ajenos. Resultaba laborioso desenganchar las
florecillas, y Mestral acabó llevando algunas
al microscopio: quería saber más al respecto.
De este modo observó pequeños ganchos
que actuaban a modo de garfios, y pensó que aquello
podía tener múltiples aplicaciones.
Pasó algún tiempo de estudio y pruebas
hasta que, ya en los años 50, patentó
el sistema de cierre Velcro (el nombre se formó
de velour + crochet), que constaba de las dos tiras
que conocemos: una con bucles y otra con ganchos. Y
todavía pasarían más años
hasta lograr una sólida comercialización
del producto, que pronto encontró aplicaciones
en diferentes campos: la industria textil, el calzado,
la tapicería, la decoración
Los
astronautas se han beneficiado igualmente del invento.
Enseñanzas:
- El pensamiento penetrante, conectivo y creativo no
se limita a la disciplina que uno abordó en la
universidad.
- A veces se ha de desplegar buena dosis de perseverancia
o tenacidad, para la que se precisa plena confianza
en el proyecto correspondiente.
- La naturaleza se nos ofrece como fuente de inspiración
para encontrar soluciones valiosas.
- A veces, para pensar mejor, para ser más receptivo
y agudo, hay que salir a pasear.
Cincuenta años después, los productos
Velcro se fabrican en Estados Unidos, China, Canadá,
Australia, México y diferentes países
europeos, incluida España (en Argentona, Barcelona)
y a todos nosotros resultan familiares; pero en verdad
hubo que contar con una mente idónea, como la
de George de Mestral.
Los neurotransmisores
Próximo el amanecer en una noche de primavera
de 1921, el fisiólogo alemán Otto Loewi
(1873-1961) se despertó alterado de un sueño,
con una revelación intuitiva que apuntó
en un papel; luego volvió a dormirse, pero por
la mañana fue incapaz de descifrar lo que había
escrito y pasó todo el día inquieto, intentándolo.
A la noche siguiente se despertó a eso de las
3 con la respuesta, y de inmediato Loewi abandonó
la cama para dirigirse rápidamente a su laboratorio
y realizar un curioso experimento.
Se dispuso a aplicar corriente al nervio vago del corazón
de una rana, conectado éste mediante un fluido
salino al corazón de otra; al hacerlo, comprobó
que el efecto producido en el primer corazón
(lentificación de los latidos) se reproducía
poco después en el otro, es decir, que el impulso
nervioso se transmitía por el fluido mediante
una sustancia química, a la que entonces denominó
"vagusstoff" (identificada en 1926 como acetilcolina,
primer neurotransmisor conocido).
Enseñanzas:
- Concentrados en un problema, antes o después
la intuición lanza un mensaje revelador a la
conciencia.
- Los mensajes intuitivos son a veces cifrados, incompletos,
fugaces, y la razón consciente ha de estar atenta
y hacer su trabajo.
- Las iniciativas que la razón desestimaría
encuentran, sin embargo, cauce en el inconsciente durante
la incubación intuitiva.
- A veces, los sueños son significativos.
Seguramente todos nosotros estamos lejos del empeño
científico de este premio Nobel (1936), pero
sí que podemos concentrarnos en problemas, retos
y desafíos, y recibir ayuda de la intuición,
que puede presentarse en cualquier momento de la noche
o el día.
La vacuna de Jenner
El médico inglés Edward Jenner escuchó
(siglo XVIII) decir a una lechera que no cogería
la viruela porque ya había tenido la de las vacas
(en efecto, aquí la coincidencia ya había
sido detectada por el pueblo). Él se dedicó
a investigar al respecto, hasta dar por cierto que las
personas contaminadas por la cow pox al ordeñar
las vacas, no contraían luego la viruela: una
enfermedad ésta que por entonces acababa con
millones de personas cada año. Sin duda el camino
de este médico pudo ser muy distinto, de no haber
escuchado a aquella lechera.
El 14 de mayo de 1796, un niño fue inoculado
por Jenner con una secreción recogida de la herida
que, en una mano, tenía una mujer contaminada;
la infección correspondiente desapareció
en poco tiempo y el muchacho, James Phipps -ya "vacunado"-,
volvió a ser inoculado en julio, ahora con una
muestra de una persona enferma de viruela: James no
se contagió. Pese a las críticas que surgieron
del establishment, la vacuna de la viruela se difundió
pronto por Europa y América. Esta experiencia
sirvió luego de referencia a Pasteur y otros
investigadores.
Enseñanzas:
- Hay hechos significativos esperando que alguien les
dé su significado.
- Algunas personas asumen grandes retos, concentran
su atención y logran sus propósitos.
- Las novedades encaran a menudo grandes obstáculos
y resistencias, incluso del propio establishment.
- Algunas innovaciones disparan otras.
Efectivamente, algunas personas se identifican con su
actividad profesional y le dedican, por decirlo así,
su vida; estamos en deuda con muchas de estas personas,
cuya contribución a la sociedad ha sido realmente
trascendental. Pero también cabe insistir en
las resistencias con que a menudo se enfrentan los innovadores,
y aquí recordamos también, por ejemplo,
el empeño de la jerarquía católica
en defender, en el siglo XVII, el modelo geocéntrico
frente al avance de la astronomía.
La New Coke, de Coca Cola
En los primeros años 80 y tras acertadas campañas
de publicidad, Pepsi se acercaba amenazante a las ventas
de Coca Cola, cuyo presidente ejecutivo, Roberto Goizueta,
pareció pensar aquello de que "a grandes
males, grandes remedios". La New Coke, una nueva
fórmula para el famoso refresco, salió
al mercado en abril de 1985 acompañada de gran
dosis de orgullo corporativo: la nueva bebida había
derrotado a Pepsi en las pruebas ciegas. Especialmente
llamativa resulta una de las afirmaciones de Goizueta:
"Se trata de la decisión más segura
jamás tomada por la empresa". Como se sabe,
la iniciativa resultó empero todo un fracaso,
aunque la solidez de la compañía permitió
encajarlo y superarlo rápidamente.
En la aparición de este nuevo refresco sobraron
argumentos racionales, pero faltó intuición;
todas las pruebas mostraban que la nueva fórmula
de Coca Cola acabaría con la competencia de Pepsi,
pero, al parecer, nadie con suficiente voz pudo advertir
que la bebida constituía un intocable icono para
los consumidores norteamericanos. El rechazo fue, en
efecto, unánime, y pocos meses después
la fórmula clásica hubo de salir de nuevo
al mercado, lo que permitió recuperar la posición
de sólido liderazgo de la marca. Cabe ciertamente
pensar que, frente a la ansiedad por resolver el problema
y la contundencia de las pruebas realizadas, faltó
ese plus de la inteligencia más profunda: la
contribución intuitiva.
Enseñanzas:
- A menudo hacemos inferencias erróneas (en este
caso, se dio por cierto que los consumidores se guiaban
sólo por el sabor).
- Las decisiones reactivas han de cuidarse probablemente
más que las proactivas (la obsesión por
derrotar a Pepsi, pudo pesar más que otra cosa).
- La euforia prematura, el exceso de confianza, la complacencia
y otras debilidades no suelen augurar éxitos.
- Conviene dejar espacio a la intuición, darle
una oportunidad de manifestarse, no cerrarle los oídos.
En efecto, se aprende de los éxitos y de los
fracasos. Esta historia me parece especialmente aleccionadora
en materia de percepción de realidades y generación
de inferencias, pero también cabría destacar
el hecho de que, al reaccionar contra algo que nos inquieta,
podríamos estrechar la panorámica de nuestra
atención. El gobierno de la atención es
uno de los mayores retos al desplegar el dominio de
nosotros mismos. Hay que añadir, desde luego,
que Coca Cola es una gran empresa innovadora, que puede
permitirse algún desacierto.
El caso de Fycsa, en España
En el año 2000, una consultora española,
Fycsa, apostó con especial decisión por
una modalidad de aprendizaje, el denominado e-learning,
que parecía un avance revolucionario en la formación
continua. Sus directivos, asociados con el empresario
Javier Vega de Seoane y la consultora Gestlink, protagonizaron
un "management buy out" para salir del grupo
Alcatel y aprovechar la oportunidad que el e-learning
representaba en el sector de la consultoría de
formación. El consejero delegado, José
Ignacio Díez, declaraba en 2001 que en un par
de años pasarían, de facturar unos 7 millones
de euros, a cuadruplicar las ventas como consecuencia
del crecimiento del e-learning (que parecía venir
a sustituir a la tradicional formación presencial).
Las notas de prensa anunciaban una facturación
de 30 millones de euros en 2003, la mayor parte en actividades
de e-learning.
Por entonces, las grandes empresas desplegaban sus
plataformas de cursos "on line", pero los
usuarios no parecían mostrarse satisfechos con
la calidad de los cursos ofrecidos -pronto se habló
de "aprendizajes poco significativos"- y el
espectacular crecimiento previsto no se materializó.
El grupo Fycsa hubo de reducir su plantilla y en 2002,
aunque exhibía prosperidad, alcanzó 1.600.000
euros de pérdidas (la consultora figuraba ya
presidida por Miguel Canalejo, el mismo que la había
vendido dos años antes, siendo presidente de
Alcatel España). En 2003 se alcanzó una
facturación total de 6 millones de euros, apenas
la quinta parte de lo que se había previsto y
anunciado por José Ignacio Díez; lo que
quedaba de la compañía fue absorbido un
par de años después por otra iniciativa
empresarial (Élogos).
Enseñanzas:
- Más allá de incorporar las novedades
que van apareciendo, cada empresa habría de contribuir
activamente a la innovación y tratar de ser "única".
- La novedad no predice el éxito por sí
sola, sino contando con la satisfacción de los
clientes.
- Hay negocios en que los usuarios de los productos
y servicios no pagan por éstos, pero su satisfacción
también cuenta.
- El alarde de logros futuros, consecuencia o no de
las novedades ofrecidas, no parece atraer los éxitos
sino quizá espantarlos.
El tema, por cierto, del alarde de logros futuros,
sostenidos en cambios e innovaciones introducidas en
la empresa, es interesante y aleccionador, y recuerdo
también (2004) el caso del grupo de Bodegas Vinartis,
igualmente presididas por Miguel Canalejo; pero evitaré
la digresión. Habría sí que distinguir
entre, por un lado, incorporar las innovaciones ya aparecidas
y, por otro, generarlas y tratar de crear una especie
de monopolio temporal, como apuntaba Jonas Ridderstrale.
Comentarios finales
Tras estos ejemplos de historias y conclusiones, querría
subrayar que de todo podemos aprender mucho: tanto de
éxitos como de fracasos; e insistir asimismo
en que el campo de la investigación científica
resulta significativo como referencia, si consideramos
que la economía del saber y el innovar viene,
a menudo, a convertir a cada profesional en una especie
de microcentro de I+D.
He querido llevar la atención del lector sobre
algunos de los aspectos más intrínsecos
de la innovación, porque temo que ciertos significados
se pueden estar desvirtuando en el lenguaje empresarial,
e incluso en el lenguaje cotidiano de los ciudadanos.
Por ejemplo, a veces fundimos o confundimos la Sociedad
de la Información con la Sociedad de la Informática,
el conocimiento con la información, la originalidad
con la creatividad, la innovación con la incorporación
del avance técnico e incluso con los "cambios",
los continentes con los contenidos, las apariencias
con las realidades, los fines con los medios...
Querría en verdad recordar que la innovación
es algo más que la incorporación de las
tecnologías de la información y la comunicación
(TIC), y otras tecnologías específicas,
y en que, sin dejar de hacerlo por emprendedores y directivos
audaces, a menudo pasa por la creatividad de trabajadores
expertos especialmente identificados con su profesión.
En efecto, además de contar con las iniciativas
e ideas de los empresarios innovadores, así como
las de directivos de diferentes funciones, hay que insistir
en que los nuevos trabajadores del conocimiento, aprendedores
permanentes en sus áreas técnicas, perspicaces
y creativos, pueden hacer importantes contribuciones
en entornos funcionales ad hoc que, lejos de sofocar
u obstaculizar, resulten catalizadores.
Pero como sabemos hay, dentro del colectivo de expertos
trabajadores del conocimiento (knowledge workers), una
variante fundamental que merece etiqueta específica:
los trabajadores del pensamiento (thinking workers).
Se trata de aquellos más específicamente
dedicados a innovar; de aquellos que obtienen mayor
provecho de su pensamiento conectivo, analógico,
reflexivo, conceptual, analítico, inferencial,
sintético, sistémico, abstractivo, divergente,
crítico (distinto de la criticidad), etc. Casi
todos pensamos poco y mal, y además hacemos poco
uso de la intuición genuina que, formando sinérgico
tándem con la razón, nutre la competitividad
individual y la colectiva. En efecto, dentro de los
denominados trabajadores del conocimiento, algunos se
dedican, parcial o totalmente, a perseguir con afán
la novedad valiosa.
¿Cómo conseguir que los trabajadores
expertos pongan al servicio de la innovación
sus mejores facultades y fortalezas? Sin duda deben
ser dirigidos de modo especial, y al respecto quizá
no resulte un acierto insistir en modelos de liderazgo
que más parecen de seguidismo. Afortunadamente,
las empresas más inteligentes saben cómo
dirigir a los profesionales de la economía del
saber y el innovar, y evitan considerarles meros seguidores,
subordinados, colaboradores o recursos; en vez de ello,
los perciben como profesionales que constituyen un activo
valioso para la organización.
|