|
2008: por una información
más eficaz
José Enebral Fernandéz
He leído que Redtel, la Asociación de
Operadores de Telecomunicaciones, nace, según
su presidente, el financiero Miguel Canalejo, con la
intención de situar España a la cabeza
de la Sociedad de la Información; pero temo que
quizá se refiere, sobre todo, a la Sociedad de
la Comunicación o de la Telecomunicación.
En realidad y apuntando a la economía emergente,
lo que caracteriza a ésta es el conocimiento
y la innovación, y, en suma, surgen aquí
varias etiquetas (información, conocimiento,
comunicación, innovación
) que no
deberíamos confundir ni fundir.
Habrá quien piense que éste (situar España
a la cabeza de la Sociedad de la Información)
puede ser un objetivo muy ambicioso -incluso para el
Gobierno-, y que los empresarios se suelen asociar para
defender sus negocios e intereses; lo cierto es que
algo se ha de hacer para avanzar en productividad y
competitividad, y sin duda se precisa una sinergia de
esfuerzos. En verdad, España debe estar entre
los países más avanzados en tecnologías
de la información y la comunicación, pero
también depende todo de cómo interpretemos
la idea de Sociedad de la Información, porque
quizá la interpretamos a menudo como "Sociedad
de la Informática y la Telecomunicación".
Creo que fue el 13 de abril de 1999 -hace casi nueve
años- cuando fui invitado a un Simposio bajo
el lema de "La Sociedad de la Información
para todos", y, aunque hubo algún ponente
que, sin entrar demasiado en la evolución de
la economía, dijo que habíamos pasado
de la "sociedad de consumo" a la "sociedad
de consumo de información", en general el
protagonismo de la jornada recayó sobre el acceso
a Internet y las redes de comunicación. El propio
Miguel Canalejo, presidente entonces de Alcatel España,
intervino en una de las mesas redondas. Creo sin embargo
que, de aquel día, lo que más me gustó
fue la intervención final de José Antonio
Marina, que vino a recordarnos que la información
reside en soportes y el conocimiento en las personas,
una vez que éstas otorgan el debido significado
a los significantes.
Más recientemente, en mayo de 2005, asistí
a otro evento convocado desde el ámbito político,
bajo el buzzword "Sociedad de la Información".
La jornada se denominaba "El desarrollo de la Sociedad
de la Información y del Conocimiento: una apuesta
de progreso para la Unión Europea". Me pareció,
en efecto, que la información no era ya principalmente
vista como algo a consumir, sino como materia prima
fundamental en la economía del conocimiento;
como materia prima de la que extraemos el ansiado saber,
para convenientemente aplicarlo en beneficio de la productividad
y la competitividad.
La Informática y la Telecomunicación
resultan inexcusables, pero al conocimiento valioso
y aplicable se llega desde una información rigurosa
e idónea a la que podamos acceder con facilidad.
Es cierto que manejamos mucha información en
las empresas; es mucha, pero quizá no es siempre
suficiente, ni es suficientemente rigurosa y sencilla
de traducir a conocimiento valioso y aplicable. Podemos
estar haciendo falsos aprendizajes, y quizá equivocándonos
en las decisiones, porque la información no esté
alcanzando la debida calidad. Podemos disponer de buenas
redes y buenos soportes, pero, en algún caso,
de información deficiente.
Les comentaré una experiencia propia, aunque
meramente anecdótica. Compré en unos grandes
almacenes un humidificador de agua fría y comenté
a la señorita que me atendió que no había
tenido nunca uno (había utilizado los de agua
caliente). "No se preocupe: viene una hoja de instrucciones",
me dijo. Pues créanme que, aun siendo ingeniero,
fui incapaz de seguir las instrucciones de la hoja y
acabé funcionando por intuición o conjetura
Algo parecido me solía pasar al intentar sintonizar
televisores, pero tal vez el lector haya tenido experiencias
similares.
Por otra parte, tampoco la información que manejamos
en las empresas tiene siempre el significado que aparenta,
ni podemos creernos todo lo que leemos en los medios
impresos o electrónicos. Es verdad que cada uno
de nosotros percibe las realidades a su manera, en función
de sus creencias, sentimientos, inquietudes y deseos;
pero es que también podemos vernos ante información
incompleta, confusa, manipulada o inexacta. Así,
si sumamos la posible falta de calidad en la información
con la tendencia del cerebro (por sus muchos "filtros")
a engañarnos, el resultado puede ser muy poco
fiable.
Obsérvese que, admitida la necesidad del aprendizaje
permanente en la vida profesional, las universidades
han venido desarrollando la idea de la alfabetización
informacional ("alfin"), de modo que los alumnos
aprendan a manejarse bien con la información:
acceso, consulta, aprendizaje, integración y
aplicación. Ya en el mundo empresarial, habría
de hablarse de destreza -y aun excelencia- informacional:
una buena gestión de la información y
del conocimiento resulta inexcusable en las empresas
del saber.
Se ha puesto mucho énfasis en la alfabetización
digital y quizá se ha de seguir poniendo, pero
la empresa del saber ha de ser también excelente
(excelencia informacional) en la generación de
conocimiento y en la introducción de novedades
valiosas en procesos, productos y servicios. Para la
generación de conocimiento sólido, el
individuo ha de desplegar su pensamiento crítico
ante la información disponible
; pero quizá
confundimos a veces el pensamiento crítico con
la criticidad compulsiva o el escepticismo.
En un libro reciente, Eduardo Punset nos dice: "Probablemente,
el gran salto evolutivo entre los homínidos se
produjo el día en que uno de aquellos seres fue
capaz de intuir lo que estaba cavilando otro miembro
de su grupo. Saber lo que estaba pensando su interlocutor
le permitió ayudarlo
o manipularlo. Esta
tendencia a convencer a los demás de nuestras
propias opiniones o a intentar manipular a los demás
parece no haberse interrumpido desde entonces".
Punset destaca por ello la necesidad del pensamiento
crítico, es decir, del pensamiento reflexivo
y penetrante, esmerado e indagador, riguroso e independiente,
que busca la verdad. Distingamos entre el "crítico"
y el "pensador crítico":
El individuo crítico (como estereotipo):
· Busca defectos, fallos.
· Presenta actitud negativa.
· Cree poseer buen juicio.
· Se precipita en las inferencias.
· Genera desconfianza e inseguridad.
· A menudo tiene reproches.
· Ve lo malo.
· Identifica fracasos y culpables.
· Denota insatisfacción.
· Admite todo lo que avala sus juicios.
· Se basa en sus modelos mentales.
· Se muestra terco e inflexible.
|
El pensador crítico:
· Busca verdades.
· Presenta actitud exploratoria.
· Quiere poseer buen juicio.
· Lentifica las inferencias.
· Genera confianza y seguridad.
· A menudo tiene dudas.
· Acaba viendo lo oculto.
· Identifica causas y consecuencias.
· Denota curiosidad.
· Contrasta toda la información.
· Es consciente de sus prejuicios.
· Es flexible, razonable e íntegro.
|
Mensaje final
En efecto, ante posibles deficiencias en la información
a que accedemos, y para asegurar la solidez del aprendizaje,
hemos de activar nuestro pensamiento crítico.
Además, para obtener máximo aprovechamiento
del conocimiento sólido adquirido, hemos de desplegar
también las conexiones, analogías, inferencias
y abstracciones que, bien orientadas, catalizan la deseable
innovación en procesos, productos y servicios.
Como álter ego de la Sociedad de la Información,
la denominada "economía del conocimiento
y la innovación" demanda profesionales que
sean aprendedores permanentes y que, con su competitividad
individual, contribuyan a la colectiva. Hemos de desarrollar
todas nuestras facultades y fortalezas de seres humanos,
pero aquí subrayamos la necesidad de convertir
en conocimiento valioso y aplicable la información
disponible.
|